Sofía Kovalevski pisó el mundo terrenal de hace casi dos siglos. Aunque las obras inspiradas en personas reales siempre suelen tomarse una que otra libertad creativa, muchos intentan mantener la esencia de los eventos que intentan retratar (si es que tal cosa como la esencia existe), en este caso los últimos años de la matemática y escritora rusa y su costosa peregrinación intentando encontrar alguna universidad que le permitiera dar clases en el contexto europeo de mediados de 1800. Si bien contaba con algún grado de reconocimiento por parte del gremio científico, este no se manifestó con fuerza hasta después de su muerte, fenómeno ocurrido frecuentemente con mujeres dedicadas a disciplinas antes vistas como exclusivas de hombres.
Alice Munro (1931) nació y creció en el entorno rural canadiense, en medio de una depresión económica que ha servido como trasfondo a muchos de sus escritos. De la crianza presbiteriana aprendió, según sus propias palabras, la costumbre del esfuerzo silencioso. La carrera de esta autora se ha caracterizado por pulir el arte de re-contar historias: sus personajes son aquellas figuras cotidianas cuyas historias pasarían desapercibidas ante otros ojos. Por ello, no es de sorprender que haya decidido tomar algunas vivencias de Kovalevski para plantearlas desde su dimensión literaria en el relato “Demasiada Felicidad” (2010), mismo que le da nombre al libro donde se incluye.
Para escribir dicho texto, Munro partió de material biográfico, pero también de cartas, diarios e incluso escritos técnicos de Sofía, investigación que tiene como resultado un cuento que ciertamente aborda el tema de la discriminación institucional, aunque no por ello deja de profundizar en aspectos más personales; por ejemplo, la admiración que siempre tuvo por su mentor, las rivalidades hostiles con sus colegas o la envidia acompañada de maltrato psicológico perpetrado por el hombre que amaba. Además, refuerza las palabras que su protagonista expresó varias veces: las matemáticas no son una ciencia árida, en realidad requieren mucha imaginación.
