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Chiiñuun, el señor de la Muerte, en la cultura Triqui

Foto(s): Cortesía
Redacción

HUAJUAPAN DE LEÓN, Oaxaca.- El Día de Muertos es una celebración que se vive en todo México; sin embargo, esta tiene una peculiaridad en la región Triqui, pues Chiiñuun o San Simón como se conoce, toma vida entre los vivos en las localidades indígenas de esta etnia Triqui, el señor de la Muerte.


Emelia Ortiz, quien es habitante de la zona Triqui, indicó que los festejos comienzan desde que las señoras  acuden a las plazas grandes a comprar todo lo que se necesita para la colocación del altar, teniendo como día principal el 1 de noviembre, cuando el difunto baja desde el más allá para convivir con los vivos.


Todos los altares tienen tres niveles; en la parte central se coloca la comida que al difunto le gustaba, junto con su foto para que sepa que es ahí su hogar; sus bebidas, caldo y pozole de res, totopos, tamales y la fruta que comía cuando estaba vivo y  en la parte más alta siempre se coloca la imagen religiosa a la que tenía fe y en la parte baja es el inframundo.


Temor a San Simón


Ortiz dijo que las festividades de los fieles difuntos son muy importantes para la etnia Triqui, pues cuentan que hace muchos años, los triquis no podían realizar sus compras con anticipación -estamos hablando de 15 días aproximadamente- en las plazas de Juxtlahuaca, Putla y Copala para celebrar la fiesta de Todos Santos; si lo hacían de esa manera, aparecía un señor con características de una persona muy pobre con ropa rota y remendada y con un petate viejo. 


Por lo tanto, la creencia narra que si los indígenas triquis compraban las cosas para los muertos durante estos días, ya no tendrán valor para el difunto, porque de forma inmediata le corresponde al señor Chiiñuun  y que es San Simón. 


Según la mitología Triqui, después de celebrarse las plazas de Juxtlahuaca, Putla y Copala, los indígenas pueden hacer sus compras, es decir, durante los días 27 y 28 de octubre, pues el día 31 es cuando bajan del más allá los angelitos .


Especificó que “después de estas 3 plazas ya se pueden hacer las compras de lo que vamos a ocupar en nuestro altar como ofrenda a nuestros difuntos. Por ejemplo, se compra  novillo y las personas apartan las piezas para sus altares, maíz para totopo, entre otras cosas; también buscan varas para secar, mismas que servirán para adornar con flores de cempasúchil para el 31 de octubre”.


Los días 30 y 31 de octubre, el señor que va a matar al novillo empieza a anunciar en las comunidades indígenas que las personas que apartaron sus piezas con anticipación, pueden pasar a  su domicilio para la repartición. Para los triquis, el platillo principal de esta época es el pozole de res o caldo de res, por eso es necesario apartar las piezas del toro y contar con ellas de manera anticipada. 


 El día grande, la fiesta de muertos


Para estas celebraciones, los Triquis mezclan  la  tradición, culto, fiesta, magia e historia, pues toda la familia se ha reunido en la casa del difunto para poder convivir con él; entonces se encienden las velas para guiarle el camino que debe de seguir antes de volver al espacio del más allá, y que se toca música de violín y bailan todo el día; las mujeres, ataviadas con su huipil rojo, pues así lo marca la tradición.


Estas celebraciones  son muy grandes, pues también se les da la bienvenida  en los camposantos, en donde se hace el tequio para que cuando se abran las puertas del inframundo sepan distinguir entre la tierra y su nueva morada, pues es una de las celebraciones de mayor impacto en el extranjero, en donde se piensa que el mexicano no le tiene miedo a la muerte, sin embargo, es uno de los temores más comunes. 


Dentro de las tradiciones triquis se indica que el día de recordar a aquellos que fueron asesinados es el 2 de noviembre, en donde se colocan los altares con las mismas características, pero estos sólo duran 12 horas, porque las puertas del purgatorio se han abierto con la finalidad de que regresen a su nueva vida después de la muerte. 


El número 9 es un símbolo muy importante para la comida del difunto. Si los difuntos son más de nueve, se tienen que llamar por sus nombres y para la comida se tiene que aumentar otros nueve platos; si son menos, tienen que llamar a los que no tienen familiares para que se complete. La regla común es que se cuenten 9 platos en la ofrenda. Al pie del altar se pone una cruz decorada con flor de cempasúchil y otra en el panteón. Todas las personas de diferentes comunidades bajan a San Juan Copala y llevan un jarrito de tepache, caldos de res y pozole. 


Finalmente, los indígenas triquis narraron que estas festividades tienen una peculiaridad, debido a que la muerte es una doctrina con la que crecen desde pequeños y que les es inculcada a lo largo de su vida. 

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