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Chachacuales

Foto(s): Cortesía
Redacción

Durante el mes de diciembre, en nuestra ciudad de Oaxaca se realizan varias celebraciones religiosas; la más importante y concurrida es la fiesta de la Virgen de la Soledad, Patrona de los oaxaqueños, el día 18. Las calles alrededor de la Iglesia se llenan de puestos de comida, donde se ofrecen antojitos y platillos como moles, caldo de pollo y enchiladas, sin faltar el chocolate y los atoles. Ahí mismo se encuentra una gran variedad de artículos como jamoncillos de Juquila y pan de Puebla, que venden los cientos de peregrinos que llegan a visitar a la Virgen. En las escaleras de acceso a la Basílica se expenden veladoras e imágenes religiosas. Para regocijo de los niños, se instalan también los juegos mecánicos: sillas voladoras, caballitos, rueda de la fortuna, remolino y otras diversiones, como títeres, tiro al blanco, lanzamiento de dardos y otras más.


Entre las atracciones más visitadas de los chachacuales están las carpas de las “tablitas”, llamadas así porque los cartones que muestran las diferentes figuras del juego de la lotería están enmarcadas en ellas. A mamá le encanta jugar a la lotería, así que todas las tardes llega a la carpa, se sienta en el lugar que  más le gusta, pide  “tablitas”, con cuidado las revisa y escoge las que considera le traerán suerte este día -generalmente juega tres-, toma los maíces que le dan para colocarlos sobre las figuras una vez que sean cantadas: “la cobija de los pobres, el sol”.


Con emoción y nerviosismo marca con los maíces las figuras correspondientes en sus tablitas. Cuando ya le falta una, cierra sus ojos como pidiendo ayuda divina para que griten la que espera, y de pronto escucha: “Al nopal lo van a ver solo cuando tiene tunas, el nopal”; “¡lotería!”, grita  con su cara feliz y sonriente, levanta la mano para llamar la atención del muchacho que revisa las tablitas y, para comprobar que han salido todas las figuras, en voz alta menciona cada una de ellas. Al terminar, la persona que ha dirigido el juego dice: “la tabla es  buena, que pase la señora a recoger su premio, el que le guste”; mamá se pone de pie y muy contenta como una chiquilla, recorre con la vista la mesa de regalos una y otra vez, toma una media docena de platos hondos  y regresa a su lugar para continuar jugando.


En algunas ocasiones hay más de una tablita ganadora, y entonces se pasa una charola que contiene las barajas de la lotería; quienes ganaron levantan una y la que tenga el número más alto, se lleva el premio.             


Muy pronto se irán los chachacuales a la Alameda y calles aledañas, donde permanecerán para las celebraciones de la Noche de Rábanos, las Calendas y el Día de Reyes, y ahí estaremos con mamá, dispuesta a ganarse uno de los Arcones Navideños que son los premios especiales en estos días.


A partir del 7 de enero, empiezan a levantar los chachacuales y queda solo el recuerdo de las risas, la música y la algarabía de las fiestas que han llegado a su fin, y que llenaron nuestros corazones de una inmensa alegría.

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