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Barrio de las Chinas: sólo queda el recuerdo

Foto(s): Cortesía
Redacción

Las calles no tenían trazo ni pavimentación, los alrededores estaban cubiertos por vegetación y los hogares estaban construidos con adobe y materiales de palma; las vías eran de terracería y por ellas atravesaron canales para que fluyera el agua; se extinguieron los vecinos artesanos de la alfarería y también los coheteros que habitaron en el barrio de las Chinas, una zona donde ahora predomina la prostitución, las cantinas y la inseguridad.


 




Las casas que fueron construidas con adobe, están a punto de colapsar por el tiempo. FOTO: Javier Jarquín Jacinto

 


Por más de medio siglo, esta zona no tuvo calles pavimentadas ni una planeación urbana para ubicar a los habitantes; las actuales calles Díaz Ordaz y la de Arista, eran la zona donde los vecinos compartían el oficio de alfareros, mientras que la calle Nuño del Mercado era la de los coheteros y la calle de J. P. García y la de Ignacio Zaragoza fueron espacios donde se colocaron tianguis y vendedores.


Una de las fronteras del barrio de las Chinas es la primera catedral de la capital oaxaqueña (hasta 1730), el templo de San Juan de Dios, límite más cercano al zócalo; mientras que la calle de Las Casas, el Periférico, Nuño del Mercado y la calle de Díaz Ordaz delimitan la extensión de lo que alguna vez fue una tierra de comerciantes con recursos suficientes para construir sus hogares con adobe o carrizo.
 


Decadente transformación


A unos meses de cumplir 61 años, doña Isabel del Carmen Pérez Medina es de los últimos residentes que conoció el barrio de las Chinas antes del trazo de sus calles en 1970, mucho antes de la pavimentación, cuando las calles lucían los vestidos y joyas que portaban las chinas en sus actividades comerciales del día.


"Antes podía haber una alfarería pasando la vía, otra estaba junto a la casa y sobre Díaz Ordaz había vecinos que se dedicaron a ese oficio por décadas"; doña Isabel comentó que en el pasado el barrio tenía una actividad comercial muy fuerte. Uno de los productos elaborados por alfareros fueron los "platos chinos", recipientes con orillas dobladas asociadas con el país oriental que originaron el nombre del barrio.


 




La calle de J. P. García está repleta de negocios, cantinas y hoteles; son pocos los vecinos del viejo barrio que aún viven aquí. FOTO: Javier Jarquín Jacinto

 


"Los coheteros se alejaron del centro de la ciudad, ya se murieron todos los alfareros y las familias que continuaron con la artesanía se retiraron de esta zona; la prostitución es de siempre, se siguen parando y ahora más, pero nadie revisa los horarios, ni el número de personas que se dedican a esa actividad; siguen abriendo más cantinas y hay calles donde los postes de luz no sirven".
Los domicilios del barrio de las Chinas se convirtieron en locales, son pocas las personas que continúan viviendo en esta zona donde los rondines policiacos son constantes; los oficios viejos ahora son ocupados por músicos de la marimba y el mariachi, técnicos eléctricos y mecánicos, locales que venden instrumentos musicales, cocinas económicas y una infinidad de cantinas y hoteles baratos; las artesanías fueron relegadas hasta el mercado 20 de Noviembre.
 


Doña Genoveva y sus chinas, salvación del Barrio


"Se acabó la alfarería, ahora viene de las comunidades donde todavía cuecen sus trastos y lo vienen a vender, pero en el mercado 20 de Noviembre; el barrio se vino abajo, lo único que queda vivo son los bailes y ensayos que aún practican los jóvenes y las nuevas generaciones, las muchachitas participan en las calendas y siguen con la tradicional Guelaguetza".


 




A sus casi 61 años, doña Isabel del Carmen Pérez Medina recuerda cuando el barrio aún era tierra de alfareros, coheteros y comerciantes. FOTO: Javier Jarquín Jacinto

 


La mujer sexagenaria mencionó que su madre, Genoveva Medina de Márquez, conformó y gestionó la agrupación de las Chinas Oaxaqueñas antes de 1950, pero fue hasta 1957 que este grupo de mujeres participó en el desfile del Primer Lunes del Cerro y desde entonces sus hijas continuaron la labor de conservar y promover las tradiciones de las mujeres que engalanaron las calles de este barrio, las chinas.


La hermana de doña Isabel y la principal promotora de las chinas oaxaqueñas es Silvia Alejandra Márquez Medina, quien junto a su hija, Saira Márquez Medina, instruyen a las jóvenes los movimientos dancísticos, la colocación, los colores y combinación en el vestuario, el uso de las joyas y otros elementos simbólicos religiosos como las canastas de carrizo.
En este 2017, la delegación de las chinas oaxaqueñas cumplirá 60 años de participar en la anual fiesta oaxaqueña; a cuatro meses del Lunes del Cerro, niñas, adolescentes y mujeres que alcanzan la mayoría de edad, ya comenzaron a practicar los pasos que lucirán en los bailes del desfile y en la Rotonda de las Azucenas del Auditorio Guelaguetza.

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