Marco Albert, músico, productor y traductor italiano fundó el año pasado en la ciudad de Oaxaca un espacio que se anunciaba alternativo, El Huacal, pero que en su alternancia solo buscaba el conectar con todo y con todos.
Gabriel Elías, editor, productor y músico de experimentos totales y arrevesados llegó después, coincidiendo en visiones, sabores y saberes con un Huacal que surgió por la exigencia de un migrante que llegaba a un país y ciudad nueva, buscando entrar inmediatamente en contacto con la comunidad artística de su nuevo hogar, de una manera que realmente resultara eficaz.
“Pude haberlo hecho de puerta en puerta, pero lo que se me ocurrió fue abrir un espacio a puertas abiertas, y tender oportunidades para encontrar a la banda”.
En entrevista con Albert y Elías, el primero cuenta como a los primeros talentos con los que topó fueron con los de Nahú Rodríguez y Gabriela León, de Pájaros en el alambre, momento en el que se empezó a dar cuenta “de que en Oaxaca si estaba pasando algo que no era lo folclórico, ni era la danza de la pluma, ni todo lo que significa un Oaxaca turístico”.
Marco Albert y Gabriel Elías. FOTO: Maggie
“Hay toda una red de activistas, artistas, gente involucrada en esta ciudad, afuera de la ciudad, en las comunidades, en las radios comunitarias”.
Recuerda el extranjero salvado ya de cualquier fenómeno extranjerizante, cuenta que cuando empezó se dio cuenta entonces de que faltaba una escena musical contemporánea en Oaxaca.
“Tal vez urbana, que si es muy fuerte en la Ciudad de México. Dónde de una manera más cosmopolita se replican realidades tal vez más gringas y europeas”.
Recitales para pasarla bien
Umbral, recital de conciertos de bajo volumen, le pidió entonces al italiano organizar más cosas en Oaxaca, empezando con una programación musical que duró poco más un año
Donde artistas nacionales e internacionales llegaron a Oaxaca capital con la posibilidad de pasársela bien dos o tres días, y encima, compartir lo que sabían”.
“Haciendo sesiones de improvisación musical en un espacio de una amistosa tranquilidad “cuenta Marco, recordando que de esas improvisaciones nacieron series musicales como Multiplicity, o como la actual y más que vigente, Music to play in the dark.
“Espacio abierto para fotógrafos, pintores, performanceros. Fue una curva ascendente impresionante. Con mucha gente abriendo sus puertas y compartiendo un proyecto y una visión”.
Recuerda el artista con ganas de echar la lágrima, para mencionar después que Huacal tiene una gran deuda desde ya con el mencionado Umbral y con el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO),
“Pues gracias a ellos pudimos tener una credibilidad y visibilidad muy rápida. No solo en Oaxaca, sino también afuera. Donde hubo contactos de festivales, como por ejemplo un festival de música alternativa en Mérida, Yucatán.
Pero como pasa con todas las cosas que son demasiado bellas para ser verdad, la cosa se tuvo que poner color de hormiga para el Huacal.
Se abren más espacios
De ahí llego el encuentro Albert – Elías, quien recuerda al Huacal como “un espacio mucho más relajado que por ejemplo un museo”.
“Dado a propiciar la espontaneidad, la interacción entre gente muy experimentada y chavos que llegaban con una propuesta que muchos estábamos por conocer. Con una conexión entre distintos tipos de gente”.
“La mala noticia de ya no tener un lugar físico, nos llevó a conectarnos por necesidad y también por gusto con otros espacios” Elías menciona a La Locomotora foro escénico, como uno de esos espacios.
“Este es un momento en donde en Oaxaca se empiezan a abrir muchos espacios divergentes donde no se requiere ya el negociar con la burocracia artística”.
Albert y Elías llaman a esto “complicidades” como la que los llevó a volver al Huacal es un espacio itinerante lo mismos con base en otros espacios como Tierra independiente o el Museo de los Pintores Oaxaqueños (MUPO)
Una beca del C15 les permitió a los entrevistados el dar continuidad a una serie de conciertos en la oscuridad para gente acostada en el piso. La ya mencionada Music to play in the dark se ha estado presentando cada dos meses en el MUPO, para completar seis conciertos en un año.
“Invitar a un artista símbolo que lleve al público en un viaje interior de poco más de cuarenta minutos, con la audiencia puesta en una situación de escucha”.
“Con tu madre, amigos o tu pareja. Una vez que te acuestas en el piso y miras el cielo, concentrado en la oscuridad en tu cuerpo y tu respiración, lo demás viene solo”, resume Marco.
Pican piedra
“Vamos lentos en este momento, pero hay que entender que la lentitud también es un valor.”
Apunta el italiano, mientras que el que tiene pinta de chilango recuerda que “en Oaxaca hay mucha efervescencia artística, pero también es cuestión de estar picando mucha piedra”-
“La apuesta del proyecto es el interés de seguir haciéndolo de nosotros y de la gente que colabora con nosotros. En un show pueden venir siete gentes o hasta cuarenta personas”
Durante las sesiones de sonorización. FOTO: Maggie
“Lo que se está haciendo es con calidad, con compromiso, con algo que ya no encuentras en las dinámicas institucionales”.
Define Elías manifestando que ante todo hay que ventilar “una actitud de conectarse con humildad y calidad”.
“Sabemos que no podemos vivir del proyecto, así que el esfuerzo y el tiempo que le dedicamos es más desahogado. La necesidad de que en algún momento genere una ganancia de algún tipo, no es algo que tiene que pasar mañana”.
Define el también traductor italiano, quien le amerita a una falta de ansiedad, lo que puede llevar a este nuevo Huacal viajero a un paquete calidad “que empieza con la curaduría de las piezas, la gráfica y la promoción. Con la urgencia de escoger a conciencia a los compañeros de viaje”.
Proyecto huacalero
El italiano habla sobre el proyecto huacalero organizar un festival anual de espacios independientes, donde se suscite la suficiente sinergia para que estos espacios se sigan sucediendo e independizando.
¿Hay condiciones para una escena?, se le pregunta a estos socios musicales, en un cuestionamiento que tal vez debió haber llegado antes.
“Si existe, hay un caldo de cultivo muy grande” dice Elías, dictaminando en Oaxaca la existencia de conexiones con las que se combates una excesiva especialización del arte
“No se trata cuatro o cinco amigos que conocen el mismo disco y que solo entre ellos lo escuchan. Eso nunca será el Huacal. Acá la idea no es enseñar, es compartir”.
Albert por su parte está tan de acuerdo que hay escena, “que para prueba ahí está la capacidad, profundidad y diversidad de la escena artística oaxaqueña. Una escena cultural madura”. (Rodrigo Islas Brito/Colaboración)
