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Afecta contingencia a mujeres sin pensión

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

Desde el 2006 la esquina de Independencia y Valdivieso es espacio de trabajo de Josefina Millán pero, a medida que avanzan los casos de contagios de COVID-19 en el país, su trabajo coloca en inseguridad su salud. “No nos queda de otra, digamos que es primero comer, con el riesgo de enfermarse”, expresa detrás del puesto de dulces.


Para la mujer de 56 años quien forma parte del más de millón 300 mil personas en Oaxaca con un empleo informal, lo único que la sostiene frente a la contingencia sanitaria por la pandemia del coronavirus, es la fe. “Teniendo fe no pasa nada. Puede ser que nos toque o que no, ya Dios dirá”.


Es jueves 19 de marzo de 2020. A medida que avanzan los casos de contagios en el país, las calles del primer cuadro de la capital de Oaxaca se han ido vaciando. La preocupación de la población por el contagio muestra su rostro en calles céntricas semivacías y a la par acentúa la desigualdad y pobreza pues como Josefina muchas personas más, en su mayoría mujeres quienes viven al día, no pueden retirarse a casa a enfrentar una cuarentena.


“Si nosotros no venimos a trabajar no sale para las tortillas para otros productos. No nos podemos dar el lujo de ir a comprar despensas porque no sale para eso, nosotras vamos al día, si yo no trabajo hoy, no como”, explica. Del trabajo que realiza dependen tres personas adultas mayores. No tiene otro sostén económico como pensión o programa de asistencia social. Como medida preventiva, lleva un bote de agua clorada para el constante lavado de manos. Las ventas ya están bajas, se desplomaron en un 70 por ciento en los últimos cuatro días -asegura- pero sean 20 o 30 pesos los que reúna, para ella son esenciales.


Unos metros más adelante, sobre el andador turístico otra mujer con un bebé en brazos y otra niña de tres años de edad piden caridad a quienes pasan sobre el andador turístico. Ella madre soltera y vive en una localidad del interior del estado. Cada tres meses viaja a la capital para conseguir el dinero que le permita medio vivir una temporada sobre todo cuando el trabajo en el campo no da para comer.


“Para nosotros quedarnos en casa es difÍcil porque no tenemos un trabajo que nos permita tener dinero guardado para solventar lo de nuestros alimentos”, explica.


Aún en fase uno de emergencia, un gran número de escuelas paralizaron actividades, lo mismo personal de base de las dependencias de gobierno estatal y municipal. Las medidas sanitarias se intensificaron, un hospital quedó habilitado para enfrentar la pandemia, empresas de la iniciativa privada compactaron horarios laborales o determinaron que quienes pudieran hacerlo trabajaran desde casa atendiendo la recomendación “no salgas si no es necesario”.

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