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Más de cuatro años sin justicia para Misael; cayó de ocho metros en Xoxocotlán, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

"Mamá, el sábado que me paguen le compro zapatos a usted y a mi papá”, fue la promesa que Misael Geovany Carrasco García selló con un fuerte abrazo a su madre Filomena García Ojeda.


Era la mañana del primero de abril del 2013, el joven salió de su casa, para ya no regresar.


Misael Geovany, de 18 años de edad, trabajaba para la empresa Cat Construcciones Empresariales, la cual era la encargada de la remodelación del Aeropuerto Internacional Benito Juárez, de Santa Cruz Xoxocotlán.


Aquel trágico día, no llegó el ayudante del soldador y lo mandaron a él a la parte alta a quitar unas láminas.


Misael cayó de ocho metros; no tenía equipo de protección.


Tres semanas antes se había reunido el administrador del Aeropuerto con los de la empresa, para que a los trabajadores les proporcionaran todo su equipo de protección, pero nunca lo hizo, dos días después de la muerte de Misael Geovany, se los entregaron.


EL DOLOR Y LA TRISTEZA A FLOR DE PIEL


Han pasado cuatro años con cinco meses y sus papás solamente calma el dolor con lágrimas.


En su casa, ubicada en la calle Agustín Castro número dos, en San Juan Bautista La Raya, perteneciente a Santa Cruz Xoxocotlán, se respira la tristeza y se respeta el recuerdo de este joven, que era parte de la alegría de su familia.


Misael Carrasco Juárez, padre del joven mencionó que aún no se ha arreglado nada sobre la muerte de su hijo, “esperamos que se tenga una buena solución, porque ya ha pasado mucho tiempo y la tristeza sigue presente en nuestro hogar... en la familia”.


Su madre recordó que antes de irse, me abrazó acá en el patio y me dijo: "mamá, mira cómo están mis manos", sí mi hijo -le dije- ponte crema para que no estén cuarteadas y me respondió: "mamá, ahorita voy a trabajar y cuando regrese me voy a bañar y a arreglar…" se fue y jamás lo volví a ver.


Fue un lunes, cuando la tragedia se empezó a hilvanar, Carrasco Juárez, se quedo un poco más de tiempo en la cama , “mi esposa preparó el desayuno, cuando me habló y me dijo que me parara porque le habían avisado que el Chelyn -como le decíamos de cariño-, se había caído, y de inmediato nos fuimos al aeropuerto, ya todo estaba suspendido, ya la ambulancia se lo había llevado al IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social”.


LA PESADILLA.


“Estaba encamado, entubado, le drenaban sangre. Ya estaba prácticamente muerto, porque tenía los ojos en blanco y respiraba con dificultad”.


Sin embargo, al escuchar las voces de sus padres, dos lágrimas surcaron sus ojos, como queriendo despedirse de ellos, haciendo más doloroso el momento.


Uno a uno llegaron los demás familiares y a las cinco de la tarde les informaron que Misael había fallecido.


El cuerpo se los entregaron a las dos de la mañana y de ahí lo trasladaron a su casa, donde familiares y amigos de Misael los apoyaron para el sepelio del joven.


Carrasco Juárez lamentó que las cosas se les hayan complicado con las personas que llevaban su caso, pero esperan que se tenga una buena solución y que exista sensatez por parte de las mismas, “esperamos lo que Dios diga”.


LA EMPRESA, A LA FECHA NO SE HA HECHO RESPONSABLE


Acusó que la empresa para la cual trabajaba su hijo, Cat Construcciones Empresariales, en ningún momento se presentó ni siquiera para darles las condolencias, sino hasta dos años después se hizo presente en la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, pero de ahí, dijeron que ni el IMSS ni ellos se hacían cargo de pagar gastos funerarios, ni entregó algún apoyo a la familia de su trabajador.


“Nosotros nos embarcamos con una cantidad bastante grande para pagar todos los gastos originados para enterrar a nuestro hijo, ahora, sigue sin haber solución y esperamos que pronto se solucione, siquiera para estar ya en paz con nuestros corazones y nuestra familia”, mencionó.


Misael Geovany era muy trabajador, nos ayudaba mucho y a veces, para ahorrarse lo del pasaje, se iba corriendo en las madrugadas al trabajo.


Para su familia, él no ha muerto. “Pretendía buscar sus sueños...quería ser futbolista, ya no se pudo, y es que sus tías le habían dicho que le iban a echar la mano, pero que primero tenía que terminar su preparatoria, y entonces, se lo iban a llevar a la Ciudad de México, y ahí uno de nuestros parientes lo iba a inscribir en algún equipo de futbol y de ahí lograr su sueño de ser jugador profesional”.


PIDEN LO QUE LES CORRESPONDE


Lo único que solicitan a las autoridades correspondientes es que los apoyen, “somos personas de bajos recursos y él era quien nos tendía la mano, entonces. Solo queremos justicia".


Misael Geovany era el último de sus hijos, “era muy cariñoso con sus hermanos, Omar Antonio, Alma Delia, Jorge Alberto, Magaly Ivett; y sus sobrinos Alexis Yanin, Dana Caory, Martha Maité y Alondra Jazmín”.


Con cariño, tristeza y lágrimas, contemplan sus retratos, así como cuidan los zapatos que adquirieron después con su dinero, “los adquirimos, para complacerlo en lo que fue su última voluntad”.

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